Lo esencial
Por: Félix Londoño G., Director de Investigación y Docencia - Universidad EAFIT
Portafolio. Año 13. Número 2741. Pp. 30. 11 de julio de 2007.
Hace ya algún tiempo, en medio de una batalla por el mercado entre vendedores de hamburguesas, una muy conocida cadena de comidas rápidas sacó un comercial de televisión en donde alguien, al levantar la tapa superior de su hamburguesa, se sorprendía con una minúscula ración de carne mientras preguntaba: ¿where is the beef? Más allá del motivo comercial, había en esta cuña televisiva un mensaje subliminal que movía a preguntarse por lo esencial, en este caso la carne en el plato de comida rápida.
Portafolio. Año 13. Número 2741. Pp. 30. 11 de julio de 2007.
Hace ya algún tiempo, en medio de una batalla por el mercado entre vendedores de hamburguesas, una muy conocida cadena de comidas rápidas sacó un comercial de televisión en donde alguien, al levantar la tapa superior de su hamburguesa, se sorprendía con una minúscula ración de carne mientras preguntaba: ¿where is the beef? Más allá del motivo comercial, había en esta cuña televisiva un mensaje subliminal que movía a preguntarse por lo esencial, en este caso la carne en el plato de comida rápida.
La pregunta es extensible a cualquier dominio en los diversos ámbitos en que nos desenvolvemos: personal, empresarial y social. Es natural que la rutina del día a día, propia de nuestro acelerado y complejo discurrir, nos impida hacer altos en el camino para preguntar por la naturaleza básica de las cosas y, más importante aún, por lo esencial de lo que hacemos. Recordemos que lo esencial aplica a lo que constituye el fundamento de la realidad. Aquello por lo cual algo es lo que es, lo más importante, característico y determinante de una cosa.
Desde siglos atrás lo esencial ha sido una gran preocupación humana. Lo fue, por ejemplo, de los alquimistas cuando en la Edad Media comenzaron a buscar la sustancia que transmutaría los metales más comunes en oro y plata, y los medios para prolongar indefinidamente la vida humana. John Milton en su Paraíso perdido cantó: "¡Sea la luz!" Dios dijo: y al instante/ la etérea luz, el ser creado primero,/ la quinta esencia pura, fue brotando/ de los abismos.../". Esta mítica referencia a la quinta esencia, que de manera redundante se declara pura, apuntaba al más sutil elemento, al éter, del que provenían los demás componentes de las cosas: tierra, agua, fuego y aire.
Pero volvamos a lo esencial de lo que hacemos. En el contexto empresarial el asunto es usualmente abordado en torno a expresiones diversas. La pregunta permanente por la razón del negocio. Las actuaciones que realmente agregan valor a lo que realizamos. La consideración de aquellas acciones que contribuyen de manera fiel al fortalecimiento de la marca, al establecimiento de una verdadera marca registrada. En términos de Pareto, la pregunta por aquel 20 por ciento de sustancia que determina por lo menos el 80 por ciento del éxito. En el fondo el poema de Milton refiere a la luz, a la etérea luz brotando de los abismos. En últimas lo fundamental de lo que hacemos está determinado por la capacidad que tengamos de discernir, con diáfana claridad, las cosas que marcan una real diferencia en medio del abotargamiento del trajín diario. Hechas estas distinciones lo cardinal también está determinado por la palabra. La palabra con la cual se traza y afina entonces el rumbo de lo que constituye el alma de lo que forjamos, lo meridianamente esencial.

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