jueves, mayo 24, 2007

¿Dónde está la voz oficial de la justicia?

Por: Félix Londoño G., Director de Investigación y Docencia - Universidad EAFIT
Portafolio. Año 13. Número 2700. Pp. 31. 24 de mayo de 2007.

Con tanta noticia de tanto calibre, nuestro país es, sin duda alguna, un lugar con mucho ruido y confusión en el plano del lenguaje, un verdadero pandemónium verbal. Las denominadas versiones libres de los ex Auc derivan ahora en un verdadero fuego cruzado de palabras en donde la verdad está en entredicho. Igual ocurre con la reciente noticia de los teléfonos chuzados. Se colige harta confusión en el cruce de los muy cuidados términos utilizados por los medios: "dijo", "aseguró", "contó", "mencionó", "sostuvo", "son falsas las acusaciones", "son verdades amañadas", "es una venganza", "informa no conocer...", "dice que no sabía...", "también fui víctima...", etc.

La ansiedad por la verdad nos tiene escuchando a esos supuestos oráculos de la certeza a través de la voz de los medios. Los dolientes de las víctimas no le ven otra salida a su deseo de saber sobre sus seres queridos. ¿Cuánto tiempo tomará valorar estas supuestas verdades? Mientras tanto, nos vamos instalando en una certidumbre a medias que se teje en ese fuego cruzado del lenguaje, el del ruido que apenas si alcanzamos a discernir en el maremágnum de los múltiples runrunes que nos llegan. ¿Dónde está la voz oficial de la justicia? ¿Cuándo se dejará escuchar? Para cuando ésta se haga audible quizás ya habremos elaborado nuestros propios rompecabezas sobre la verdad.

Una verdad de tales dimensiones que pareciera no cabernos en nuestra conciencia colectiva. Apenas si han transcurrido unos meses desde que tuviera lugar la primera versión libre. De los cientos que se acogieron a la Ley de Justicia y Paz son muy pocos los que han alcanzado a rendir su versión. ¿Cuánto tiempo tomará escuchar a todos los presuntos implicados? ¿Cuántas verdades amañadas nos dirán? ¿Y la verdad de la guerrilla? Ya aparecen nuevas fosas comunes con decenas de restos de personas desaparecidas. El panorama no podría ser menos sombrío cuando la vida política y la cotidiana resultan también salpicadas en ésta nuestra verdad a medias. La dificultad, una vez más, estriba en poder dilucidar lo blanco en medio de la penumbra. Máxime cuando los procesos de instrucción pueden tomar meses, mientras las sombras de la duda, de sus palabras, oscurecen nuestro horizonte social.

Una urdimbre de dolorosas y descomunales evidencias que se va diluyendo en lo desmesurado de las certidumbres y en la desazón de confrontar nuestra propia realidad. Hay un proverbio chino que dice: "El gran arquitecto del universo hizo al hombre con dos orejas y una boca; para que escuche el doble de lo que habla". ¿Cómo escuchar a los investidos oráculos que nos hablan con sus distorsionados ecos? Es en situaciones como ésta cuando cabe repetir las preguntas ya señaladas: ¿dónde está la voz oficial de la justicia? ¿Cuándo se dejará escuchar?