Aprendizaje e innovación
Por: Félix Londoño G., Director de Investigación y Docencia - Universidad EAFIT
Portafolio. Año 13. Número 2735. Pp. 30. 4 de julio de 2007.
Portafolio. Año 13. Número 2735. Pp. 30. 4 de julio de 2007.
Decía Aldoux Huxley que “La experiencia no es lo que te sucede, sino lo que haces con lo que te sucede”. Igual ocurre con el aprendizaje. Lo que aprendemos tiene sentido en tanto hagamos algo con ese nuevo aprendizaje; más ahora que se insiste en una educación durante toda la vida y para toda la vida. ¿Qué es lo que finalmente hacemos con lo que aprendemos? ¿Qué impacto y que transformaciones estamos generando con nuestros nuevos aprendizajes? Tendríamos además que considerarlo en los múltiples planos y perspectivas de nuestra existencia: en lo personal, en al ámbito familiar, en el contexto laboral y en el entorno social en que discurrimos.
En la perspectiva personal el nuevo título profesional usualmente deriva de forma natural en un empleo que garantiza una estabilidad económica. Para las familias la culminación del grado de uno de sus miembros es motivo de orgullo y de un celebrado augurio de futuro promisorio. En las organizaciones los procesos de formación se traducen habitualmente en ascensos de categoría con los consiguientes aumentos salariales. En el contexto social, a menos que el sujeto en cuestión se declare figura pública, los efectos serán generalmente derivados indirectos a través de las acciones que él mismo desarrolle en sus entornos familiar y laboral.
Así que el impacto del aprendizaje debería ser considerado con un sentido conceptual más amplio y mucho más allá de la inmediatez cortoplacista y monetizada que hoy parece tener. La consecuencia mediata del aprendizaje, pero visionariamente mucho más amplia, debe ser, sin lugar a dudas, la innovación. La razón fundamental por la que aprendemos es para poder innovar en lo personal, familiar, organizacional y social. Es a través del aprendizaje como realmente nos podemos renovar y de paso contribuir a transformar nuestros entornos. Articulados, de manera intencional y consciente, el aprendizaje y la innovación derivan en la acción, una acción que debidamente evaluada se traduce en una retroalimentación hacia nuevos aprendizajes.
Esta idea puede recogerse en algo similar a la conocida estrategia de mejora continua de la calidad conocida como ciclo Pdca (Plan, Do, Check, Act -Planificar, hacer, verificar, actuar) o círculo Deming en honor al estadístico estadounidense W. Edwards Deming. En este caso, tomando como punto de partida el aprendizaje, propongo engranarlo con la innovación para configurar el siguiente ciclo ‘aprendizaje, innovación, evaluación, acción’. Bajo este esquema se plantea ir del conocimiento, que resulta del aprendizaje, directamente a la acción teniendo siempre presentes las oportunidades que del mismo se derivan en términos de innovación. Ya lo señalaba, el aprendizaje debe ser ante todo un motor para la permanente renovación y actualización personal, organizacional y social. No lo olvidemos, parafraseando a Aldoux Huxley, en el aprendizaje lo que realmente importa es lo novedoso que hagamos con lo que aprendemos.


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