martes, junio 05, 2007

El lenguaje de la innovación

Por: Félix Londoño G., Director de Investigación y Docencia - Universidad EAFIT
Portafolio. Año 13. Número 2710. Pp. 30. 5 de junio de 2007.


Recientemente el profesor Robert Tucker, autoridad mundial en materia de innovación, nos dejó una definición práctica de este término, verdadero motor de la competitividad: "innovación es traer las ideas de la cabeza y hacer que cobren vida". Surgen dos preguntas. Primera: ¿cómo llegan las ideas a la cabeza? Segunda: ¿cómo se extraen de la cabeza para que cobren vida? Sostengo que en ambos casos sucede algo esencialmente en el lenguaje, con el lenguaje; y de manera fundamental desde la pregunta.

En el primer caso, las ideas llegan a la cabeza reconociendo que la fuente de las mismas está en nuestro mundo y de manera particular en sus fronteras. Físicamente, en el linde de lo que es, o no es, y podría ser; en la periferia de nuestras realidades posibles. ¿De qué manera puedo transformar el mundo en el que me encuentro inmerso, los objetos, las cosas que me rodean? Temporalmente, en el ineludible futuro. ¿Cómo puede cambiar la forma de hacer lo que hacemos en nuestro diario devenir? Emocionalmente, en la frontera del deseo, propulsor de la disposición a abandonar la rutina y a abrazar el cambio. Es en el lenguaje, que aflora desde los cinco sentidos, como debemos instalarnos en estas fronteras para que fluyan las nuevas ideas a la cabeza. El mundo y el futuro están para ser avizorados y soñados, y, desde el deseo, apropiados como nuevas posibilidades. Nuevas ideas sobre nuevos productos, nuevas formas de hacer las cosas, nuevas estrategias, nuevas tendencias, nuevas tecnologías; en fin, nuevas formas de afrontar los problemas aún insolubles.
En el segundo caso, instaladas las nuevas ideas en la cabeza, pareciera fácil hacer que cobren vida. Lo primero es encontrar la manera más adecuada de comunicarlas, de materializaras. Converse sobre ellas, cuente sus historias, realice prototipos. Pierda el miedo a equivocarse. Hable sobre el valor y los beneficios que puede representar el desarrollo de sus nuevas ideas. ¡Arriésguese! ¡Véndalas! Haga que las nuevas ideas cobren vida en el lenguaje, en sus conversaciones. Hágalas realidad.
Hay un múltiple sentido de realización al concebir nuevas ideas y hacer que cobren vida. Lo primero, es la concreción de la idea como tal. Pero lo más importante es la transformación que sufren el sujeto autor de la idea y el entorno en que ésta se da, sea éste universidad, empresa o cualquier otro tipo de entidad. El sujeto que concibe una idea y logra materializarla es el primero en transformarse, en agregarse valor a sí mismo. Sus entornos laboral y social también se transforman, se hacen más propicios al albergue de nuevas fuentes de innovación. El permanente devenir de nuevas ideas y su materialización conduce a una transformación profunda en la manera como conversamos sobre el futuro, configurándose de paso el lenguaje de la innovación.