martes, mayo 15, 2007

Ascensores empresariales

Por: Félix Londoño G., Director de Investigación y Docencia - Universidad EAFIT
Portafolio. Año 13 Número 2686. Pp. 30. 8 de mayo de 2007.

El ascensor hace ya parte integral del día a día laboral en la mayoría de las empresas. Del antiguo malacate ha surgido un elevador moderno que, inserto en el corazón mismo de la arquitectura de los edificios, ha contribuido de manera significativa a la transformación de las ciudades. Pero, además de transportarnos a las oficinas, en el ascensor se desarrollan interesantes dinámicas que tienen mucho que ver con la diaria interacción comunicativa empresarial.

Es en este lugar de escasos metros cuadrados donde en un breve, y en ocasiones lúdico, intercambio de miradas, paliques y silencios observamos las usualmente frescas sonrisas de la mañana, los mudables rostros a lo largo del día y las acostumbradas señales de agotamiento al final de la jornada. Allí, en el efímero instante de los viajes verticales, se cruzan saludos disímiles, se traman componendas y se conciertan citas clandestinas. En el ascensor asciende el saludo del mensajero al gerente y desde éste se refleja, a manera de instrucciones, en los supervisores de sus dependencias.

¿Cómo nos disponemos, y qué miramos en este encierro temporal? Hay ritos en el manejo del espacio, hay rituales en los ojos. Buscamos no quedar en el centro de las miradas recostando nuestras espaldas a las paredes o a la puerta. El ascensor resulta ser una pasarela bien estrecha, a veces hacemos como que miramos al piso o al techo desviando con disimulo nuestra mirada de esos destellos que atraen nuestras vistas. Se abre la puerta, y el desfile se extiende muy fugazmente a vestíbulos y pasillos. Intentamos relajarnos y divagamos anhelando haber sido también objeto de los ojos que recién se han ido.

El operario manual hace ya rato que dejó su silla junto a las manivelas dando paso a la automatización. En muchos lugares el elevador se ha transformado, inclusive, en una estación mediática. Hay ascensores con espejos refulgentes en los que puedes mirarte a ti mismo evadiendo la mirada de otros. Allí se están poniendo de moda los boletines institucionales, y los hay hasta parlantes. En ellos viaja el día a día informativo de la empresa: comunicados, circulares, agendas y programaciones culturales que en ese breve itinerario nos ponen en sintonía con los ritmos que nos aguardan unos pisos más arriba. Ambientados por una música de fondo hacemos nuestro breve tránsito de desvariaciones mentales. En ocasiones somos embarcados directamente en un itinerario visual que mana de una pequeña pantalla adosada en la pared del fondo. Vaya uno a saber si desde el techo ya nos mira también una cámara de video.

Igual que está sucediendo con muchos otros objetos de nuestro mundo real, el ascensor se ha venido cargando con una alta dosis de informatización a tono con las demandas y tendencias de la interacción comunicativa empresarial. Bienvenidos al mundo de los ascensores empresariales.