El asombro del hielo
Por: Félix Londoño G.
El Colombiano. Año 95. No. 32081. Pag. 5ª. 5 de enero de 2007.
El Colombiano. Año 95. No. 32081. Pag. 5ª. 5 de enero de 2007.
Las primeras dos líneas de Cien Años de Soledad, obra cumbre de nuestro Nobel publicada en 1967, señalan un recuerdo marcado por el asombro, el asombro del hielo que varias páginas más adelante se hará explícito: "Aureliano, en cambio, dio un paso hacia adelante, puso la mano y la retiró en el acto. "Está hirviendo", exclamó asustado. Pero su padre no le prestó atención. Embriagado por la evidencia del prodigio, en aquel momento se olvidó de la frustración de sus empresas delirantes y del cuerpo de Melquíades abandonado al apetito de los calamares. Pagó otros cinco reales, y con la mano puesta en el témpano, como expresando un testimonio sobre el texto sagrado, exclamó: -Éste es el gran invento de nuestro tiempo". Este pasmo literario ante el hielo ya había sido considerado en 1947, desde el punto de vista filosófico, por Gastón Bachelard en La formación del espíritu científico refiriéndose a la inercia que se produce por la denominada intuición sustancialista y sus efectos nefastos para el desarrollo de la ciencia: "En efecto ¡que estupefacción ver el hielo, que no "contiene" fuego en su sustancia, lanzar no obstante chispas! Recordemos, pues, este ejemplo en el cual la sobrecarga concreta enmascara la forma correcta, la forma abstracta del fenómeno", y luego concluye: "Estas anticipaciones, estos viajes a la Luna, estas fabricaciones de monstruos gigantes son, para el espíritu científico, verdaderas regresiones infantiles. A veces divierten, pero jamás instruyen".Esta doble referencia, literaria y filosófica, confronta al ser humano con el asombro y lo que el mismo significa en la perspectiva de los caminos del conocimiento científico. Es el encuentro primario del hombre con el alma de las cosas, o en palabras de Popper, un encuentro con "el argumento de la máquina que refiere al estado y señal que expresan las cosas". Se trata, en otras palabras, de un cuestionamiento por la mirada pueril que caracterizó a la era precientífica y que aún hoy, en sociedades que se encuentran a la zaga de la ciencia, define esa primera mirada ante el deslumbramiento. En ese primer encuentro de estupefacción, nos vemos frente a una encrucijada que por el camino de la intuición sustancialista conduce usualmente a simplemente apropiar, y si acaso a explicar, el fenómeno de manera primaria y a veces hasta mágica. Por el camino de la razón la encrucijada habrá de conducir por la vía del conocimiento y de la ciencia en cuyas raíces ha de estar firmemente plantada la pregunta por el profundo significado de las cosas. Como sociedad en proceso de inserción en las rutas de la ciencia tenemos la tarea de acometer procesos de formación de lo que Gastón Bachelard denominara en su libro 'el espíritu científico'. Ante un fenómeno que nos causa asombro, más allá de las sensaciones primarias que nos pueda producir, superada en principio la era pre-científica, y con ella la intuición sustancialista, estamos abocados a la pregunta y al entendimiento lógico de su sentido y razón de ser. Para ello, resulta esencial un debido acercamiento al aprendizaje científico en todos los niveles de la educación. Le cabe al sistema educativo la responsabilidad de orientar y guiar apropiadamente a las nuevas generaciones en su manera de aproximarse a lo que él mismo denominara sus obstáculos, siendo el primero de ellos precisamente el de la experiencia básica que desde el deslumbre pueril que de ella se deriva conduce casi siempre por el camino equivocado, el del mundano hielo del pensamiento.

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