jueves, octubre 05, 2006

Cambio de residencia

Por: Félix Londoño G.
Portafolio. Año 13 Número 2506 - 5 de octubre de 2006. Pp. 27

En la oficina siempre nos ha sido de gran utilidad tener disponible, por lo menos, un diccionario para consultar tantas dudas que surgen a la hora de escribir un memorando, un reporte, una propuesta, y tantos otros documentos que realizamos en nuestro diario ajetreo laboral. Acaso el tradicional Pequeño Larousse Ilustrado, o tal vez el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua. Los más concernidos con el uso apropiado del lenguaje, seguramente tendrán a mano el diccionario de uso del Español de María Moliner, alguno de sinónimos y antónimos, y tal vez hasta uno de uso etimológico. Dependiendo del caso, no faltaría contar con uno que otro diccionario que considera el empleo de ese otro idioma en el que también nos comenzamos a mover en nuestros negocios ahora que nos sentimos llamados a hacer parte del mundo globalizado.
Pues bien, uno de los grandes debates, el de si los libros en papel o los libros electrónicos, ya se va perfilando, curiosamente, gracias a la manera como se van disponiendo las ayudas de escritura y de uso de los mismos diccionarios en los medios electrónicos. En buena medida los museos existen gracias a la innovación y a los nuevos desarrollos tecnológicos. Ya van siendo décadas desde que ingresó por sus puertas la máquina de escribir. En su reemplazo, llegó el computador con su procesador de palabras y con él, como parte de su funcionalidad, una versión embrionaria de corrector de ortografía y gramática. Con Internet, los diccionarios comenzaron a cambiar su residencia de papel por una más boyante, luminosa y lúdica estancia en el espacio virtual. Hace ya un buen rato que las consultas en Encarta están al alcance de nuestros dedos. También se están pasando a vivir a la red diccionarios y enciclopedias tan tradicionales como el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, la Enciclopedia Británica y el Diccionario Merriam Webster, que de hecho ya había hecho un intento de cambio de residencia cuando se pusieran de moda las agendas electrónicas.
Además de este cambio de residencia han surgido, directamente en la red, otras nuevas ediciones. Está por ejemplo Wordreference, y en particular llama la atención la hoy popular Wikipedia iniciada por Jimbo Wales y Larry Sanger en el 2001. Wikipedia se define así misma como una enciclopedia libre multilingüe. Su fundamento, el de la democratización del concepto de la enciclopedia llevado al extremo, está contenido en su lema: "la enciclopedia libre que todos podemos editar". Una enciclopedia construida de manera colaborativa en la cual, en principio, cualquiera puede crear, editar, borrar y modificar el contenido de sus entradas. Por supuesto que hay una gran controversia sobre su fiabilidad. La realidad es que hoy día funciona en unos 140 idiomas, el número de usuarios registrados ya ha superado el millón, y al fin de cuentas parece bastante confiable.
Tal vez la red sea tan sólo una de las posibles nuevas residencias de los diccionarios y de las enciclopedias. Hace rato he estado esperando con ansia el momento en que pueda cargarlos en mi celular. Con la llegada del iPod entreveo que muy pronto tendremos allí disponible la batería completa, ahora sí, verdaderamente en el bolsillo. Van así entrando también al museo viejas formas de hacer las cosas, como esa manera romántica de vender enciclopedias puerta a puerta, que García Márquez nos relatara como experiencia de vida en Vivir para Contarla.